10.000 israelíes crean acampadas en una veintena de ciudades para reclamar la bajada de los precios de la vivienda y los productos esenciales.
Los salarios han subido en siete años un 1%, mientras los alquileres lo han hecho un 250%. La desproporción les obliga a vivir con sus padres.
El mercado está al alza por la demanda de judíos adinerados que quieren un lugar donde pasar unas semanas al año y por la especulación de millonarios de todo el mundo, sobre todo en Tel Aviv.






















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